
Rápida y ebriamente, vienen a su mente algunos pensamientos que sirven de apoyo táctico en ese momento. Primero –sí. Definitivamente creo que eres así de fácil. 40% de simpatía, 40% arrogancia, 20% ternura, es todo lo que necesito para que seas mía.- Un pensamiento que definitivamente no le enorgullece como ser humano, pero sí como el calculador que siempre ha sido.
Segundo, recuerda al experto en citas –mmm, era recorrer el 90% de la distancia para el beso. Dejar el otro 10% a ella. El primer beso lo dice todo.- Es decir, sólo hay que portarse bien hasta que termine ese beso. La mira a los labios, cuarenta y cinco centímetros los separan; estar ebrio no es razón para no medir bien la distancia ni sacar la cuenta de cuando es el 90% de esa medida. Aproximadamente cuarenta y un centímetros es la distancia que alcanza a recorrer antes de cerrar los ojos. La espera es eterna, y no tan larga como parece. Un dulce y cálido beso le devuelve el alma al cuerpo; ya antes se ha sentido así, y agradece volver a sentirlo.
Mientras tanto, al otro lado del pub/disco/lo que sea –¡tendrá suerte con las mujeres este man! Acabo de indicarle que es una chica linda, y no ha dudado ni un segundo en besarla.-
Mira expectante su obra. Espera ver el todo de una aprobación: sonrisa coqueta, mirada ligeramente desviada, mejillas enrojecidas, etc. Sabe lo que quiere y lo que necesita para conseguirlo.
-¿Vamos a un lugar más tranquilo?
-¡Oye! Te dije que no soy tan fácil. Además, espero que no estés siquiera pensando en llevarme a un motel de cuarta categoría.- Se sabe deseada, lo piensa, y sabe que Juan es buen prospecto.
-En realidad pensaba en tomarnos algo en mi departamento. No está muy lejos, y es bastante tranquilo.
De salida, con su nueva conquista, le hace un gesto de complicidad al barman. La noche está lejos de terminar, y Juan espera tener lo que no ha tenido en meses, luego de ser dejado por su novia. Definitivamente, Juan ha de aprender que la necesidad no es buena consejera, y que esta vez, el alcohol ha sido mal amigo.
Innecesario decirlo, al llegar al departamento de Juan, la oscuridad es cómplice de todo cuanto ocurre. Sin tener alguna clase de preámbulo, Juan y su compañera del momento, se dan a la tarea de desvestir el uno al otro y entregarse a la embriagada pasión que les consume. Las horas de oscuridad son largas aun, por lo que el tiempo no es limitante para hacerlo cuantas veces quisieran hasta quedar rendidos.
6:30 ¡¡biiiip!! ¡¡biiiip!!, con el apuro de la noche olvidó quitar la alarma. Con estirar el brazo que le queda libre es suficiente para callar el despertador.
-Jajaja, ¡el Gran Cazador Blanco ataca de nuevo!, a ver que tal te vez con luz de día- sin dudarlo, Juan mueve el cabello de su amante para descubrirle la cara con el brazo que la tuvo abrazada desde que se quedaron dormidos -¡Ooh! Nada mal, de hecho, muy bien. Sólo algo me molesta de esto, y no tengo idea de lo que sea. Piensa piensa, ¿usaste preservativos? Sí, los usé y verifiqué que no se rompieran; entonces está todo bien. Lo que sea que me haya pasado por alto, puede esperar hasta que me acuerde sin tener que forzar mi memoria.-
-¿Qué haces hablando solo tan temprano en un sábado?
-Nada, nada. Durmamos un poco más y luego desayunamos- no dejo de pensar que algo no está bien, sólo espero que sea algo sin importancia.
Era sólo cuestión de tiempo, para que Juan supiera que era esa sensación que no le dejaba estar en paz, en lo que se supone debía ser un momento de victoria sobre sus tristes últimas circunstancias.
lunes, 23 de julio de 2007
Capítulo 2 - A la cama con Juan Treick
Publicadas por
j4ur14
a la/s
6:43 p. m.
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1 comentario:
Muchas veces he confirmado, que ser calculador, es una de las características más humana en esta selva de egoísmos.
=)
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