-Piensa piensa.- Busca en las estanterías de su cerebro que es apropiado decir en un momento como ese: -¿introducción personal? No, muy pronto. ¿Comentario acerca del odio a Pollock? Tampoco, muy resentido. ¿Comentario filosófico acerca de si es Cogito ergo Sum, o Sum ergo Cogito? No, aburrido.- Veinticuatro horas de vida interior buscando algo que decir antes que la magia del momento se esfume y sienta que su vida será más amarga y aburrida que antes que esa niña apareciera. -¿Qué harías tú, Jack?– intenta pensar en que haría su ídolo, Jack Bauer, en una situación como esa.
-Pollock era un terrorista- se escuchó diciendo, al tiempo que venían a su mente múltiples adjetivos descalificativos para si mismo por tremenda estupidez que acababa de decir.
-¿Un terrorista del arte? Me parece una buena descripción, de hecho, concuerdo con ello– y termina de decir esas palabras con una linda sonrisa.
-Claro, es lo que quise decir desde el comienzo.- Gracias Jack… te debo una. -Mi nombre es, Juan Bauer, o sea Juan Treick– idiota, no lo eches a perder.
-Me llamo Francesca Arranz. Ya estoy algo aburrida de esto, ¿te gusta el café?
-¿Qué si me gusta? Soy adicto a la cafeína.
-Hay un café muy bonito aquí cerca, ¿vamos?
No se lo puede creer. En menos de cinco minutos, no sólo ha sido comprendido en su fuero más íntimo, sino que ha roto el hielo con una completa y guapa desconocida. Por primera vez, no tendrá que ser él quien espere que sus amigos terminen la visita para ir a casa.
Ya de salida del museo, las esculturas informes, parecían saludarle y hacerle gestos de aprobación por salir mejor acompañado de lo que llegó. Juan llegó a pensar que tal vez fuera él quien realmente era abstracto, y posiblemente las esculturas y pinturas que antes no entendiera, fueran más fieles representaciones de la realidad de lo que él pudiera serlo.
Juan no fue capaz de pronunciar ni una palabra hasta salir del museo. Todas sus reacciones fueron bloqueadas al momento que Francesca lo cogiera del brazo para dirigirse hacia la salida. Toca su brazo en el mismo lugar que hace casi tres años, Francesca lo tomara para salir del museo. Hay heridas que no terminan de cerrar piensa para si mismo. No puede dejar de pensar, que así como ahora duerme con una casi completa desconocida, antes durmiera con Francesca.
Juan se levanta de su cama evitando despertar a su nueva amiga. Sólo quince pasos hasta la cocina. Hace tiempo ya que no se levantaba tan sediento, sonríe, vuelve a ponerse serio, toma la botella con jugo de su pequeño refrigerador, la destapa y traga un largo sorbo de néctar de piña. Como un ritual que no acaba de olvidar, sólo atina a guardar el jugo de vuelta en su lugar. Siete pasos hasta el baño.
La mañana amenaza con desbordarse desde el lado de la ventana del baño. Suficiente luz para verse en el espejo. Suficiente luz para notar que algo había mejorado en su aspecto, pero no suficiente para dilucidar el enigma de su preocupación.
Acudiendo a una vieja costumbre, se recuesta dentro de la tina de baño. Cierra los ojos, coloca sus dedos índice y pulgar sujetando el arco que separa las cuencas de sus ojos, y rápidamente vuelve al punto en que detuvo sus recuerdos hace un par de minutos. La escena del café, congelada en su mente adquiere color, sonidos, aromas y movimiento. En realidad, todo lo que tiene color, sonido, aroma y movimiento, es Francesca. Al finalizar la tarde, y varios cafés, se han puesto al corriente de buena parte de sus vidas.
Juan estudia Ingeniería Informática en Santiago, y su hobby es entrar en sistemas computacionales ajenos –como quien dice, es hacker.- Su familia vive en el extranjero por el negocio de su padre. Juan es el mayor de dos hermanos, y no tuvo problemas volver solo a Chile para iniciar sus estudios superiores. El dinero que su padre le envía mes a mes, le permite vivir cómodamente, sin grandes lujos, sin carencias. Juan es ordenado para contar los hitos de su vida, sus intereses y hobbies. Le gusta hacer algo de deporte de vez en cuando, pero más le gusta pasar tiempo frente a su PC. Le gustan los dulces, y la buena comida casera –comida que vive añorando-. No le gustan los dibujos animados, ni los programas de farándula; finalmente, su ídolo es Jack Bauer.
Francesca es de alguna forma parecida y contraria. Su familia vive en el Sur, y al igual que Juan, vive sola. No es ordenada ni metódica para contar acerca de su vida -al menos, no es la clase de orden que sea evidente para Juan,- va y viene entre sus hitos y gustos. Es la mayor de dos hermanas, y adora a su hermana menor. Realmente le dolió separarse de ella para venir a estudiar leyes, pero concluyó que así es la vida. Prefiere los snacks antes que los dulces y no duda en pasar por un local de comida rápida en cuanto el hambre hace asomo. Casi lo olvida, apenas sabe cocinar, y tampoco le interesa aprender.
Luego de los cafés decidieron seguir su conversación en el parque fuera del museo. En pleno otoño, el parque resultó un escenario ideal para que la pareja siguiera conociéndose. Ella ríe mucho con las cosas que él le cuenta, e incluso pone en duda la veracidad de algunas, como que él jamás ha tenido una relación de más de tres días con alguna chica. Él se limita a poner su mejor cara de estúpido fascinado, y le perdona cada pequeña burla con tal de verla sonreír.
Cuando el sol decide acabar su jornada, ambos saben que es hora de separarse. Otra cosa que tienen en común, es que ambos tienen que rendir dos pruebas durante la semana, y además, ambos son alumnos aplicados, por lo que saben que no pueden permanecer más, alejados de los odiosos libros y apuntes. Juan decide ir a dejar a Francesca tan cerca de su casa como le sea posible; mala suerte, lo más cerca en ese momento es el paradero de micros de enfrente. Sin alcanzar a pensar en ello, le toma la mano y le dice –quiero verte otra vez, y otra más si es posible,- no es momento de andarse con rodeos piensa para si mismo. Francesca no sabe que decir. En realidad no puede decir nada, ya que es evidente que la mano de Juan asiendo la suya le ha bloqueado el habla –bueno, dame tú número de teléfono. Yo te llamo apenas salga de las pruebas que tengo en la semana.-
-Dominante, Femme Fatale- es el primer pensamiento que puede hacer sinapsis en la mente del nuevo enamorado. Encamina sus pasos sobre las nubes de vuelta al museo. Aunque no está seguro si ha transcurrido una o cuatro horas, sabe que Sebastián, su mejor amigo, y su novia Pamela, estarán esperándolo afuera del museo. Ya cerca del lugar de destino, un renovado Juan, puede ver a la pareja de tórtolos haciéndose arrumacos mientras le esperan. El resto del día fue ir juntos a casa (viven los tres lo suficientemente cerca como para ir a pie entre cualquiera de las casas), y ser interrogado acerca de la chica misteriosa que lo había secuestrado un par de horas.
-Mejor vuelvo a la cama. No tiene sentido estar en esta tina pudiendo estar acostado con una linda chica. Idiota.- Diez pasos hasta la cama y tres minutos para quedar dormido.
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lunes, 23 de julio de 2007
Capítulo 4 - Memorias II
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j4ur14
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Capítulo 2 - A la cama con Juan Treick

Rápida y ebriamente, vienen a su mente algunos pensamientos que sirven de apoyo táctico en ese momento. Primero –sí. Definitivamente creo que eres así de fácil. 40% de simpatía, 40% arrogancia, 20% ternura, es todo lo que necesito para que seas mía.- Un pensamiento que definitivamente no le enorgullece como ser humano, pero sí como el calculador que siempre ha sido.
Segundo, recuerda al experto en citas –mmm, era recorrer el 90% de la distancia para el beso. Dejar el otro 10% a ella. El primer beso lo dice todo.- Es decir, sólo hay que portarse bien hasta que termine ese beso. La mira a los labios, cuarenta y cinco centímetros los separan; estar ebrio no es razón para no medir bien la distancia ni sacar la cuenta de cuando es el 90% de esa medida. Aproximadamente cuarenta y un centímetros es la distancia que alcanza a recorrer antes de cerrar los ojos. La espera es eterna, y no tan larga como parece. Un dulce y cálido beso le devuelve el alma al cuerpo; ya antes se ha sentido así, y agradece volver a sentirlo.
Mientras tanto, al otro lado del pub/disco/lo que sea –¡tendrá suerte con las mujeres este man! Acabo de indicarle que es una chica linda, y no ha dudado ni un segundo en besarla.-
Mira expectante su obra. Espera ver el todo de una aprobación: sonrisa coqueta, mirada ligeramente desviada, mejillas enrojecidas, etc. Sabe lo que quiere y lo que necesita para conseguirlo.
-¿Vamos a un lugar más tranquilo?
-¡Oye! Te dije que no soy tan fácil. Además, espero que no estés siquiera pensando en llevarme a un motel de cuarta categoría.- Se sabe deseada, lo piensa, y sabe que Juan es buen prospecto.
-En realidad pensaba en tomarnos algo en mi departamento. No está muy lejos, y es bastante tranquilo.
De salida, con su nueva conquista, le hace un gesto de complicidad al barman. La noche está lejos de terminar, y Juan espera tener lo que no ha tenido en meses, luego de ser dejado por su novia. Definitivamente, Juan ha de aprender que la necesidad no es buena consejera, y que esta vez, el alcohol ha sido mal amigo.
Innecesario decirlo, al llegar al departamento de Juan, la oscuridad es cómplice de todo cuanto ocurre. Sin tener alguna clase de preámbulo, Juan y su compañera del momento, se dan a la tarea de desvestir el uno al otro y entregarse a la embriagada pasión que les consume. Las horas de oscuridad son largas aun, por lo que el tiempo no es limitante para hacerlo cuantas veces quisieran hasta quedar rendidos.
6:30 ¡¡biiiip!! ¡¡biiiip!!, con el apuro de la noche olvidó quitar la alarma. Con estirar el brazo que le queda libre es suficiente para callar el despertador.
-Jajaja, ¡el Gran Cazador Blanco ataca de nuevo!, a ver que tal te vez con luz de día- sin dudarlo, Juan mueve el cabello de su amante para descubrirle la cara con el brazo que la tuvo abrazada desde que se quedaron dormidos -¡Ooh! Nada mal, de hecho, muy bien. Sólo algo me molesta de esto, y no tengo idea de lo que sea. Piensa piensa, ¿usaste preservativos? Sí, los usé y verifiqué que no se rompieran; entonces está todo bien. Lo que sea que me haya pasado por alto, puede esperar hasta que me acuerde sin tener que forzar mi memoria.-
-¿Qué haces hablando solo tan temprano en un sábado?
-Nada, nada. Durmamos un poco más y luego desayunamos- no dejo de pensar que algo no está bien, sólo espero que sea algo sin importancia.
Era sólo cuestión de tiempo, para que Juan supiera que era esa sensación que no le dejaba estar en paz, en lo que se supone debía ser un momento de victoria sobre sus tristes últimas circunstancias.
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j4ur14
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6:43 p. m.
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martes, 27 de febrero de 2007
Capítulo 3 - Memorias I
Lo cierto es que cuando se tiene una preocupación, aun si es desconocida, cuesta conciliar nuevamente el sueño incluso si es temprano por la madrugada, y sobra tiempo para dormir. Intentando caer dormido, Juan empieza a recordar una vez más los hechos que le llevaron a vivir el momento en que ahora se encuentra.
Hace casi tres años aproximadamente, en una aburrida tarde de sábado, todos los amigos de Juan se pusieron de acuerdo para culturizarse un poco y visitar el museo. Para no ser menos ni quedarse solo, Juan accedió a ir, aunque sabía que el viaje sería como casi todas las actividades que hacen con su grupo de amigos: llegan juntos, se empiezan a separar por parejas, y él se queda solo hasta que es hora de volver. Al menos, no tiene que regresar solo hasta su casa, piensa en un intento de ver el lado bueno del asunto.
La pintura casi siempre escondió su magia de Juan, por lo que detenerse a mirar un cuadro, era como ver una caja fuerte. Sin darse cuenta, la última de las parejas de sus amigos con quienes había estado de violinista durante los últimos quince minutos habían desaparecido del radar sin que él lo notara –siempre es lo mismo, de aquí en adelante tengo casi una hora y media para estar solo.-
Con una pésima perspectiva de las próximas horas, Juan se preguntó si no sería mejor buscar un rincón oscuro y cómodo donde echarse una siesta, en vez de vagar por el museo viendo esculturas que no entiende y pinturas que no le dicen nada. Una vez más, su sentido de “ya que estoy aquí…” pudo más y le empujo a seguir visitando el resto de las salas que aun no había visitado. -Malditos artistas contemporáneos– pensaba para si mismo -cubistas, neocubistas, rectorversionistas, impresionistas, artistas pop; ¿es que acaso es tan difícil pintar algo y hacer que se parezca lo más posible a la realidad? Prefiero la fotografía, al menos la mayor parte del tiempo, sé lo que estoy viendo. Les odio a todos por no hacer más simple y directa la vida.-
Llevaba ya cerca de diez minutos contemplando y tratando de entender la pintura que tenía en frente de si, Easter and the Totem de Jackson Pollock (a quien particularmente detestaba por hacer complicadas sus visitas al museo), cuando notó que no estaba solo frente a la pintura.
-Condenado Pollock, haces mi vida complicada- dijo para si mismo, con genuino rechazo hacia el artista.
-La mía también. ¿Porque no usó su talento para pintar el mundo un poco menos complicado?
-¿Ooh?- Juan voltea por primera vez a mirar a la persona que está al lado.
Es realmente una linda chica, tal como le gustan: un poco más baja que él, tez blanca con unas pecas coquetas; pelo largo, ligeramente ondulado, castaño claro; un cuerpo realmente atractivo, sin carencias, sin abundancias. Escuchar el comentario de la chica, fue equivalente a la sensación que tendría un hombre, que comenta frente a una vitrina con televisores sintonizados en el último partido del Villareal, que Juan Román Riquelme debe empezar a cargar por la derecha para que Matías Fernández lo haga por la izquierda, y escucha a la chica sexy del lado decir para si misma, que está de acuerdo sin el menor dejo de dudas.
Por primera vez, en veinticuatro mil de años de existencia de su vida interior, una fibra tan íntima era tocada. Repentinamente recordó con cierto pesimismo el último libro que leyó, y se dijo para si mismo, con cierto tono de ironía –“Existió una persona que podría entenderme. Pero fue precisamente, la persona que maté”.- Sabía que tenía que hacer algo, que a pesar de no creer en el destino, algo le decía que tal encuentro tenía que ser cosa preparada por todos los dioses del Olimpo, de Valhala y cuanta mitología existiera.
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jueves, 22 de febrero de 2007
Capítulo 1 - Alcohol
-Uno, dos... ¿qué sigue? Ah sí, tres. Maldito ruido ambiental: no me deja entrar en estado de concentración. Sigue intentando, ¡es por tu bien! Sí, no debo rendirme; no dar un paso atrás ni para tomar impulso.-
Juan Treick se encuentra en una relativamente cómoda posición, una que le recuerda las soñolientas clases de epistemología, sólo que no está recostado sobre un pupitre, ni mucho menos se encuentra en una sala de clases. Está en lo que es casi seguro un pub o una discoteque, o cualquier lugar donde haya música estridente, una barra, alcohol y mujeres bailando. Sería fácil saber en qué clase de sucucho está metido, si no fuera por su notablemente baja resistencia al alcohol, y el hecho que comenzó a beber cerca de una hora antes de llegar siquiera al barrio de los pubs y las discos.
Normalmente, Juan espera a llegar a un lugar de su agrado para empezar a beber y disfrutar de la noche; sin embargo, este ha sido mal buen día dentro de una deprimente semana. ¿Detalles? No gracias. Como cualquier cristiano, problemas de faldas e incomprensión, llevan a esta abatida alma a intentar la más antigua de las matanzas de penas: muerte por inmersión en alcohol. Lo que ignora o quiere ignorar, es que las penas saben nadar.
-Uno, dos... ¿qué sigue? ah sí, tres. Maldito ruido ambiental no me deja entrar en estado de concentración. Sigue intentando, ¡es por tu bien! Sí, no debo rendirme; no dar un paso atrás ni para tomar impulso. Necesito ayuda ahora ya. Si esto sigue así, podría arrepentirme por el resto de mi vida. Dentro de cinco minutos volverá esta niña del baño, y seguramente querrá que empecemos con los besos y todo eso, ¡rayos! ni siquiera puedo asegurar que no es un monstruito en busca de almas perdidas como la mía... si tan sólo los héroes existieran, seguro que me tenderían la mano. ¡Ooh! es cierto, sólo un hombre puede ayudarme en esta situación. ¡Los héroes existen!... ¡BARMAAN!-
-Hola. Dame un Martini y un vaso con agua por favor.
-¿Algo más?
-En realidad sí. Necesito pedirte un favor enorme.
-¿Mmph? Veamos si te puedo ayudar.
-Mira, estoy en la mesa de enfrente con una chica que conocí aquí. El problema es que llegué algo alcoholizado y, la verdad es que no sé si ella es pasable o no.
-Ya ok. Y ¿cómo se supone te puedo ayudar? Imagino que no esperas que me la seduzca en tu lugar.
-No, es muy simple. Cuando ella vuelva, la miras bien y preparas tu veredicto. Luego, disimuladamente me doy vuelta hacia ti, y me indicas con el pulgar si está pasable o no.
-Ok. Se nota que no quieres que te ocurra una desgracia. Te entiendo, y aquí está tu Martini y tu vaso con agua.
Parecía un plan perfecto, excepto porque Juan no consideró que si ni siquiera podía saber si la chica con quien estaba a menos de un metro era o no guapa, menos podría distinguir el gesto de aprobación/desaprobación que le enviaría el barman. Suerte para él por esta vez que las cosas al menos no salieron mal en esa forma.
-¡Ahí viene! Sólo espero que el barman vea bien desde la barra. Tranquilo, esto va a salir bien- se dice a si mismo con sano optimismo.
-Ya volví.
-Te demoraste varios minutos. ¿Todo bien?
-Sí todo bien. El baño estaba lleno y además me retoqué un poco el maquillaje. ¿Te gusta?
-Mmm, sí, no o sea, estaba bien antes.
-Suficiente para que Barman la viera. Hora del veredicto. Sólo debo voltearme un poco. Mmhp, al parecer aun en este estado, puedo distinguir una linda chica. Gracias amigo, te dejaré una buena propina la próxima vez que venga.
-¿Te retocaste los labios?
-Sí, ¿por qué? ¿te gusta el color?
-Sólo pensaba que es una pena, que tengas que retocarlos nuevamente. Pienso quitarte el lápiz labial ahora mismo.
-Fresco, ¿crees que soy tan fácil?
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j4ur14
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