-Uno, dos... ¿qué sigue? Ah sí, tres. Maldito ruido ambiental: no me deja entrar en estado de concentración. Sigue intentando, ¡es por tu bien! Sí, no debo rendirme; no dar un paso atrás ni para tomar impulso.-
Juan Treick se encuentra en una relativamente cómoda posición, una que le recuerda las soñolientas clases de epistemología, sólo que no está recostado sobre un pupitre, ni mucho menos se encuentra en una sala de clases. Está en lo que es casi seguro un pub o una discoteque, o cualquier lugar donde haya música estridente, una barra, alcohol y mujeres bailando. Sería fácil saber en qué clase de sucucho está metido, si no fuera por su notablemente baja resistencia al alcohol, y el hecho que comenzó a beber cerca de una hora antes de llegar siquiera al barrio de los pubs y las discos.
Normalmente, Juan espera a llegar a un lugar de su agrado para empezar a beber y disfrutar de la noche; sin embargo, este ha sido mal buen día dentro de una deprimente semana. ¿Detalles? No gracias. Como cualquier cristiano, problemas de faldas e incomprensión, llevan a esta abatida alma a intentar la más antigua de las matanzas de penas: muerte por inmersión en alcohol. Lo que ignora o quiere ignorar, es que las penas saben nadar.
-Uno, dos... ¿qué sigue? ah sí, tres. Maldito ruido ambiental no me deja entrar en estado de concentración. Sigue intentando, ¡es por tu bien! Sí, no debo rendirme; no dar un paso atrás ni para tomar impulso. Necesito ayuda ahora ya. Si esto sigue así, podría arrepentirme por el resto de mi vida. Dentro de cinco minutos volverá esta niña del baño, y seguramente querrá que empecemos con los besos y todo eso, ¡rayos! ni siquiera puedo asegurar que no es un monstruito en busca de almas perdidas como la mía... si tan sólo los héroes existieran, seguro que me tenderían la mano. ¡Ooh! es cierto, sólo un hombre puede ayudarme en esta situación. ¡Los héroes existen!... ¡BARMAAN!-
-Hola. Dame un Martini y un vaso con agua por favor.
-¿Algo más?
-En realidad sí. Necesito pedirte un favor enorme.
-¿Mmph? Veamos si te puedo ayudar.
-Mira, estoy en la mesa de enfrente con una chica que conocí aquí. El problema es que llegué algo alcoholizado y, la verdad es que no sé si ella es pasable o no.
-Ya ok. Y ¿cómo se supone te puedo ayudar? Imagino que no esperas que me la seduzca en tu lugar.
-No, es muy simple. Cuando ella vuelva, la miras bien y preparas tu veredicto. Luego, disimuladamente me doy vuelta hacia ti, y me indicas con el pulgar si está pasable o no.
-Ok. Se nota que no quieres que te ocurra una desgracia. Te entiendo, y aquí está tu Martini y tu vaso con agua.
Parecía un plan perfecto, excepto porque Juan no consideró que si ni siquiera podía saber si la chica con quien estaba a menos de un metro era o no guapa, menos podría distinguir el gesto de aprobación/desaprobación que le enviaría el barman. Suerte para él por esta vez que las cosas al menos no salieron mal en esa forma.
-¡Ahí viene! Sólo espero que el barman vea bien desde la barra. Tranquilo, esto va a salir bien- se dice a si mismo con sano optimismo.
-Ya volví.
-Te demoraste varios minutos. ¿Todo bien?
-Sí todo bien. El baño estaba lleno y además me retoqué un poco el maquillaje. ¿Te gusta?
-Mmm, sí, no o sea, estaba bien antes.
-Suficiente para que Barman la viera. Hora del veredicto. Sólo debo voltearme un poco. Mmhp, al parecer aun en este estado, puedo distinguir una linda chica. Gracias amigo, te dejaré una buena propina la próxima vez que venga.
-¿Te retocaste los labios?
-Sí, ¿por qué? ¿te gusta el color?
-Sólo pensaba que es una pena, que tengas que retocarlos nuevamente. Pienso quitarte el lápiz labial ahora mismo.
-Fresco, ¿crees que soy tan fácil?
jueves, 22 de febrero de 2007
Capítulo 1 - Alcohol
Publicadas por
j4ur14
a la/s
3:22 a. m.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario